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El movimiento estudiantil en Chile: exclusion y crisis de representatividad

Los recientes movimientos realizados por estudiantes secundarios y universitarios se consideran los mas relevantes desde los últimos veinte años. Una de las grandes causas citadas por expertos para explicar estas revueltas, es la exclusión económica y política que ha sufrido el país durante largos años, acentuada desde el periodo del gobierno militar (1973-1990). Se demuestra en recientes estudios de investigadores latinoamericanos la crisis existente en la representatitivad, los falta de referencia con sistema socioeconómico predominante y la diferencia existente entre las demandas individuales y lo que ofrece el entorno.

Los actuales movimientos sociales

Muchos se preguntan si los recientes movimientos sociales y específicamente, juveniles, no tienen relación con una supuesta tendenciosidad política. El gobierno y ciertos sectores de la opinión publica se han preocupado de tender lazos de comunicación entre los interlocutores gubernamentales y estudiantiles. En los grandes medios de comunicación, hay una predominancia de enfocar estos movimientos desde solo la perspectiva de los desmanes y la predominancia de sectores de izquierda o anarquistas en estos actos. La explicación que contextualiza mejor lo anteriormente mencionado puede aclararse en diversas investigaciones sociales que explican lo sucedido en países latinoamericanos, como el caso de Chile.

Uno de las primeras perspectivas que permiten comprender lo que esta pasando en el país tiene relación con el “desencanto”, en que los individuos construyen una cultura propia que va en contraposición de lo legitimado socialmente (Fernández- Figares, 2010). Por otro lado, la desaprobación que existe de la presente situación socioeconómica demuestra señales que van hacia a una diferenciación de la cultura “parental” y dominante, pero sin dejar de estar relacionados. La contracultura (Arce Cortes, 2008) en este contexto, se caracteriza por rechazar y enfrentarse a la cultura institucional y/o dominante, pero sin dejar las pautas básicas de sociabilidad.

Tanto la represión contra estos movimientos, como la oferta de soluciones coyunturales, son estrategias que buscan el apaciguamiento de las demandas colectivas (Fernadez de Rota, 2008). Una de las ideas de la investigación citada tiene relación con calificar estos movimientos tanto como políticos y apolíticos, es decir, no existe solo una vía en que puedan definir los movimientos como de “izquierda”.

La contracultura se puede definir como una constante histórica que plantea una alternativa a la hegemonía del sistema social o económico. (Romani, Sepúlveda, 2005). Las contradicciones en todo orden de cosas puede influir sistemáticamente en la calidad de vida de las personas. La crisis de legitimidad (ob.cit.), forma parte de lo acaecido actualmente, en que los sistemas de representación política suelen perder predominancia frente a las múltiples demandas ciudadanas. Otra característica fundamental es el debilitamiento progresivo de diversas instituciones sociales, como la familia, el trabajo y el asunto en boga actualmente, la educación.

Por su parte, la cultura juvenil (Ramírez, 2008) forma parte de una etapa en que se delimitan los pasos hacia la vida adulta, pero para esto, es requerido formar parte de grupo(s) de referencia(s), en que los jóvenes pueden situarse de manera colectiva frente a los diversos intereses individuales y colectivos que puedan existir. Los movimientos o culturas juveniles son una respuesta frente a las condiciones sociales y económicas establecidas. Según esta investigación, para que se genere una respuesta que haga frente a las diversas problemáticas tiene que existir autonomía frente a las instituciones “adultas”.

Los movimientos estudiantiles forman parte de las expresiones de protesta e insatisfacción frente al entorno cultural existente (González, 2004). Además, los grupos denominados “tribus urbanas” (punks, metaleros, etc.) también forman parte de las señales del inconformismo frente a la ideología predominante en la sociedad. Por otro lado, la globalización genera homogenización de los componentes sociales (ob.cit.), lo cual es resistido a través de símbolos irreverentes y la ruptura de las demandas o la creación de identidades diferenciadas, características que definen a la contracultura.

La construcción de identidad (Contreras, 1996) tiene como principal característica la creación de espacios en que los ritos manifestados permiten a los jóvenes demostrar sus diversas peticiones. La convocación, o llamado al orden del colectivo frente a la diversidad demandas, es una de las características de la sociedad imperante, que tiene como uno de sus objetivos integrar a través de sus distintas herramientas a la sociedad en su globalidad. La horizontalidad de los movimientos estudiantiles hace frente a esta verticalidad de la cultura vigente (ob.cit.).

Por ultimo, el presente estudio demuestra que los movimientos sociales en el país, han surgido gracias a una insatisfacción, a un alejamiento de la cultura dominante en donde, a través de las diversas investigaciones presentadas, puede cambiar la percepción de que estos revueltas son aisladas o pertenecen a una dominio político en particular. La juventud chilena y otros componentes de la sociedad han definido de manera preclara sus peticiones y demandas en que como se consigna, la es una constante histórica

Referencias bibliografiítas

ARCE CORTÉS, Tania. Subcultura, contracultura, tribus urbanas y culturas juveniles: ¿homogenización o diferenciación.? Revista argentina de sociología, vol. 6, núm. 11, noviembre-diciembre, 2008, pp. 257- 271

CONTRERAS, Daniel. Sujeto juvenil y espacios rituales de identidad: comentarios sobre el caso del carrete última década, número 005, centro de investigación y difusión poblacional de Achupallas, Viña del Mar, Chile, 1996, pp. 1-17

FERNÁNDEZ-FÍGARES, Mª Dolores. reseña de La comunidad soñada (antropología social de la contracultura). Revista de antropología social, vol. 19, 2010, pp. 392-395 u

FERNÁNDEZ DE ROTA, Antón. hacia una redefinición postmoderna de la revolución política. Acontecimiento, poder constituyente y disutopía nómadas, julio-diciembre, 2008, número 019, Universidad Complutense de Madrid

GONZALEZ GUZMÁN, Daniel. Rock, identidad e interculturalidad. Revista de Ciencias Sociales, enero, número 018 Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede académica de, Quito, Ecuador, 2008 pp. 33-42

RAMÍREZ VARELA, Francisco. el mito de la cultura juvenil. última década, número 028, Centro de Estudios Sociales cidpa, Viña del Mar, Chile; 2008, pp. 79-90

ROMANÍ, Oriol / SEPÚLVEDA, Mauricio. Estilos juveniles, contracultura y política polis, revista de la Universidad Bolivariana, año/vol. 4, 2005, número 011

James Blake - The Wilhelm Scream

How To Dress Well Decisions (Feat. Yüksel Arslan)

Posmodernidad versus globalización

Según Wolfang Welsh, posmodernidad no puede definirse como una época que sigue a la modernidad. Se puede decir que está contenida en ella, en la época moderna, pero de manera oculta. No es un metarrelato que propone una nueva manera de organizar al mundo. Por el contrario, la teoría posmoderna supone el fin de los grandes relatos y significa una actitud espiritual diferente ante todas las ideas. El primero de los grandes metarrelatos fue la Ilustración, que propuso sepultar el oscurantismo que lo precedía y lograr la emancipación de la humanidad a través de la ciencia; elIdealismo prometía esa emancipación por conducto de la teología del espíritu; el Marxismobuscaba la solución a través de la revolución del proletariado; el Capitalismo, por medio del capital, y la era tecnológica, por medio de la sociedad de información.

Todos estos modelos totalitarios han sido probados en diferentes épocas, pero siempre operaron con el inconveniente de que eran excluyentes uno del otro. Los sistemas basados en un Estado fuerte y proteccionista se contradicen esencialmente con los que proponen al liberalismo, a las leyes de la oferta y la demanda, como fundamento.

La gran lección del siglo XX fue la desaparición de los regímenes estatistas. Atestiguamos la caída del muro de Berlín, el desmoronamiento de la Unión Soviética y el fracaso económico de los países que pretendieron manejarse con un régimen de gran Estado. El mercado fue el gran triunfador, y bajo sus reglas se inició el siglo XXI.

Sin embargo, la teoría posmodernista sustenta la ruptura de las viejas exigencias de unidad y de sujeción a dicha unidad con el argumento de una reorientación emotiva, que constituye un fenómeno totalmente nuevo. Asegura el paso inminente a la pluralidad y confirma la idea de que la felicidad y el bienestar del ser humano pueden obtenerse mediante la diversidad en todos los ámbitos. La pluralidad no se puede colocar en una serie única ni entenderse en una unidad sistemática.

El cordón social que une a las diferentes comunidades humanas no está hecho de una fibra única, sino de muchos juegos de lenguaje que se cruzan y obedecen a reglas diferentes. No existe unmetalenguaje universal, y eso imposibilita la comunicación en todos los ámbitos.

Cada cultura, cada forma de vida es legítima y defendible y debe tener la capacidad de ser incluyente y no reducir a las otras. La individualidad cultural debe aprender a observarse y a respetarse, convirtiendo ese respeto y aceptación en una virtud moral y política toral.

El posmodernismo pretende ir más allá de la simple aceptación de los valores básicos de cada comunidad y propone penetrar a las bases de cada cultura, llegar a las raíces esenciales.

La convivencia con diversas formas de identidad plural son fundamento del enfoque posmoderno que guarda analogías evidentes con el feminismo, por ejemplo. Se opone a la equiparación y a la pura alteridad que busca la esencia de la mujer de manera distintivamente masculina. La mujer posmoderna es una de las identidades plurales, cuya legitimidad no debe reducirse en la comparación.

La posmodernidad sólo puede tener éxito en los sistemas democráticos. Es tan plural, que se nutre tanto del consenso de las convicciones como de su disenso. El reconocimiento de los derechos fundamentales y de los derechos humanos constituye el derecho al desacuerdo de cada persona.

Vivir en plural significa aceptar que existen muchas verdades diferentes y que pueden actuar juntas en un individuo, provocando su pluralización interna. Deben poder coexistir las más disímiles ideas y los principios de conocimiento más opuestos. Cada manera de vivir (dentro de los límites de legitimidad y contenido razonable) debe aceptarse como una posibilidad auténtica de vida. Ninguna persona, ni comunidad, ni país incluso, prevalecen de manera absoluta. No puede darse una equidistancia entre las formas opuestas de existencia. Hay grandes y pequeñas afinidades, una fluida amalgama y un intercambio constante entre las diferentes identidades.

Cada persona es muchas personas a la vez. Nietzsche aseguraba estar feliz por albergar en sí mismo, no sólo un alma inmortal sino muchas almas mortales. En el pensamiento de cada uno, convive en franca armonía una multiplicidad de sujetos.

El hombre posmoderno debe reconstruirse para poder transformarse. La pluralidad sólo es viable para los que la aceptan y se mueven con una mentalidad múltiple. El tránsito se da entre los valores y creencias fundamentales.

La más importante de las barreras que se oponen a la pluralización es el miedo, reflejo del Yo narcisista que todo lo quiere. Ese miedo nos convierte en adolescentes, incapaces de aceptar la multiplicidad y vivir con ella. Ser un adulto posmoderno significa asesinar al viejo tipo de sujeto —marcado por hábitos de dominación que al final se le estrellan en la cara— y volverse uno nuevo. Un nuevo tipo de sujeto capaz de hacer justicia a lo heterogéneo y de no tener miedo a ser diferente. No se trata de controlar ni de vencer de manera caprichosa a los demás, sino de comprometerse con el otro y dejarse transformar. Aprender a utilizar la empatía, ponerse en los zapatos del otro y mirar desde su punto de vista particular para intentar entenderlo.

La creencia cerrada en verdades absolutas conduce al hombre a la incompetencia fanática. Nadie es competente sin la experiencia de que algo, que es claro desde una perspectiva determinada, lo puede ser igualmente desde otra. Cualquier verdad debe apoyarse en la transparencia de sus condiciones de verdad. El principio de una teoría posmoderna es reconocer las particularidades de toda conjetura, la consideración de las diferentes alternativas, imprecisiones y zonas grises.

Los grandes relatos como el liberalismo y el estatismo pretenden alcanzar el sentido pleno, absoluto, válido en cualquier época y lugar. Lo que caracteriza la estructura del sentido, son precisamente los desplazamientos, las dispersiones y sustituciones. No lo definitivo y radical. Por eso, los metarrelatos tienden a desaparecer y a ser sustituidos por otros.

La teoría posmoderna está vacunada contra la ceguera de taller que producen las teorías totalitarias.

Nuestra filosofía primera se ha convertido, en sentido elemental, en una filosofía estética. En la antigüedad, las afirmaciones generales sobre la realidad se derivaban a partir del ser; en la edad moderna, a partir de la conciencia; en la modernidad, a partir del lenguaje. En la posmodernidadactual, atestiguamos el tránsito hacia un paradigma estético. Nuestro conocimiento de la realidad no se limita a ser reproductor, sino q actúa como creativo. Kant (La crítica de la razón pura)y Nietzsche (Nietzsche 1980, vol. I, pág. 887) comprobaron que producimos realidad por métodos ficcionales: a través de las formas de percepción, de las imágenes básicas, de las metáforas guía, de las imágenes fantásticas y de las proyecciones. A través de la metáfora damos origen a cascadas de la realidad, de manera que todo lo que está más allá de los meros estímulos nerviosos es producto del arte humano.

El ser humano es un poderoso genio constructivo, que levanta una catedral conceptual sobre un fundamento inconsistente y aguas fluyentes. Eso convierte a la realidad en algo estético a partir de su producción, de los medios con los que se crea, y por su carácter movedizo. De acuerdo con todos los pensadores importantes del siglo XX, como Popper (Popper 1969, pág 103) y Neurath (Neurath 1932-1933), la constitución artística de la realidad, es una concepción inevitable de todo pensamiento de avanzada.

Aceptando la índole creativa de la realidad, deberemos aceptar la aparición de la multiplicidad de diferentes realidades, que no pueden reducirse unas a otras ni ser llevadas a un común denominador. Mucho menos pueden ser medidas de manera fundamentalista respecto de la realidad que no existe. La verdad no se puede medir. La suma de realidades no conforma un megaproyecto, ni una gran realidad. Existen todas, son factibles y respetables, entre ellas debemos transitar sin necesidad de un paradigma supremo.

La idea de la realidad se ha vuelto básicamente estética. “Detrás de las paredes pintadas, no nos espera la auténtica pared, sino otras paredes pintadas” (Rorty 1989, pág. 99).

Se busca un punto de convergencia de muchos paradigmas y formas de ciencia, no hay fundamento primero ni último, las relaciones se fundamentan en otras relaciones y desde ahí se conducen a otras relaciones.

El pensamiento posmoderno dice adiós a las ilusiones fundamentalistas.

Elliott Smith - Angeles

Animal Collective - Peacebone


Cape Cod Kwassa Kwassa- Vampire Weekend

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Vampire Weekend - Cousins

Dick, Philip K.

Philip. K. (Kendred) Dick nació prematuramente, junto a su hermana gemela Jane, el 16 de diciembre 1928, en Chicago. Jane murió trágicamente pocas semanas después. La influencia de la muerte de Jane fue una parte dominante de la vida y obra del autor.

Sus padres se divorciaron en 1932 y se quedó con su madre, con la que se trasladó a Washington. De muy joven comenzó a leer y escribir ciencia ficción y en su adolescencia publicó regularmente historias cortas en el Club de Autores Jóvenes, una columna del Berkeley Gazette. Durante estos años su salud no fue buena, sufría frecuentes ataques de asma y periodos de fobia a los espacios abiertos, que también Asimov padeció, aunque en menor medida.

Su interés por la ciencia-ficción disminuyó cuando acabó sus estudios secundarios y, a los 18 años, dejó a su madre. Entre tanto, continuó en contacto con la comunidad intelectual de Berkeley mientras trabajaba como dependiente. Durante este periodo sus gustos literarios se hicieron más exquisitos. En 1948, con solo veinte años, contrajo el que fue el primero de un total de cinco matrimonios.

Después de vender varios relatos a las más importantes revistas pulp de ciencia-ficción de aquella época, tomó en 1951 la decisión de dedicarse al oficio de escritor a tiempo completo. En 1952 su primer cuento apareció en Planet Stories, uno de los más famosos pulps, publicaciones populares bautizadas así por la calidad inferior del papel (pulpa), en una época en que éstos ya declinaban para dar paso a revistas con un estilo de ciencia ficción más sofisticado como Galaxy y Fantasy and Science Fiction. En éstas publicó más de dos docenas de cuentos en tres años, y se las arregló para incluir en ellos, a pesar de las presiones editoriales, muchas de sus obsesiones personales, como los mundos psíquicos o paralelos, los androides, las deidades malévolas y los seres extraterrestres absurdos.

Escribió varias novelas de ciencia-ficción durante la década de los 50, pero con todo, sus intentos por publicar novelas de no ficción fue un rotundo fracaso. Su primer éxito fue la novela Lotería Solar, en 1954, iniciando así una muy prolífica carrera como escritor de ciencia-ficción. El punto álgido fue la concesión del premio Hugo por la novela El hombre en el castillo, en 1962, novela en la que se puede apreciar en su total magnitud la profunda dimensión humana que caracterizará la obra de Dick, quien comienza a interiorizarse de manera creciente en los problemas filosóficos que plantea la temática de la ciencia ficción, tratados desde las más diversas perspectivas. Otras obras como Tiempo de Marte, y Los tres estigmas de Palmer Eldricht (1964, The three stigmata of Palmer Eldritch), fueron escritas durante aquel periodo.

Retirado en una cabaña alquilada al sheriff local para alejarse de sus conflictos domésticos, escribió once novelas entre 1963 y 1964. Establecido en San Francisco en 1964, empezaron sus experimentos con las drogas, en concreto el LSD, iniciado por escritores como Jack Newkon y Ray Nelson. Como otros muchos durante los sesenta, experimentó con muchas drogas, pero lo que más le afectó a todos los niveles fue su adicción a las anfetaminas. Un excelente libro basado en el estilo de vida de los yonkis, es su novelaUna mirada a la oscuridad. La adicción le produjo serios problemas durante los 60, incluyendo el divorció de Nancy Hackett su cuarta esposa. Dick, que siempre fue un prolífico escritor, no volvió a producir nada hasta 1973.

Después de una tentativa de suicidio y una corta estancia en un centro de rehabilitación, volvió a reencontrarse a si mismo. Es un lugar común el decir que Philip K. Dick era esquizofrénico, entre otras cosas, porque el lo reconoció en Una mirada a la oscuridad en particular y en otras muchas ocasiones.

Su literatura parece en ocasiones escrita por un paranoico y sus angustiosos entornos, como en Ubik y en Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, parecen visiones esquizoides puras, aunque probablemente tengan mas que ver con el uso de alucinógenos que con la enfermedad mental. Una de sus mayores virtudes es que produjo ciencia ficción seria y, sobre todo asequible, para el gran público. Fue un escritor consistente y brillante, y de los más originales del género. Curiosamente, es un autor mucho más apreciado en Europa que en los propios Estados Unidos, habiendo países, donde es el escritor de ciencia-ficción por excelencia, en detrimento de otros ilustres como AsimovClarke o Bradbury.En cualquier caso Dick es un autor controvertido, siendo sorprendente para algunos críticos que, habiéndose especializado en la irracionalidad, en el seno de una literatura tan básicamente apartada de ella como es la ciencia-ficción, haya tenido un reconocimiento tan profundo, que por otro lado le llegó a título póstumo, puesto que en vida sólo recibió el Hugo por El hombre en el castillo y el John Campbell Memorial por Fluyan mis lágrimas, dijo el policía (1974).

En novelas como ¿Sueñan Los Androides con Ovejas Eléctricas? (1968), el escritor no deja de señalar la crueldad de un creador que induce a sus criaturas a tener apetitos y aspiraciones imposibles de satisfacer. Con una prosa escasamente pulida y una fértil imaginación, ha conjurado algunos de los universos más vívidos y extraños de la ciencia ficción contemporánea, sin dejar por ello de estar comprometido con la psicología de sus personajes, en su mayoría antihéroes que deben luchar, como todos nosotros y desde su esencial fragilidad, contra los impredecibles designios de un plan universal que nunca se les termina de revelar.

Murió en 1982, de un fallo cardiaco, a la edad de 53 años, dejando un libro inacabado y, sin duda, muchas ideas sin desarrollar. Tampoco llegó a ver el estreno de la primera adaptación de su obra al cine; Blade Runner, basada en su novela ¿Sueñan Los Androides con Ovejas Eléctricas?

Desde su muerte se ha acrecentado notablemente el interés académico y del público en general por su obra, y en 1983 se instituyeron la Philip K. Dick Society y el premio Philip K. Dick Memorial a la mejor novela original editada en edición de bolsillo. Dos años más tarde, se le otorgó el premio Gigamesh, por su novela La transmigración de Timothy Archer (1982).